Media Noche

ESCORTS CAPITAL FEDERAL

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Conocí a una tal Benedicta, que llenaba la atmósfera de ideal y cuyos ojos derramaban deseo de grandeza, de hermosura, de gloria, de todo lo que lleva a creer en la inmortalidad.

Buscais un buen - 82311

Cocinar a fuego lento

Veréis cómo se les agrandan desmesuradamente los ojos. Y me decía, a través de mi contemplación: «Todas esas fantasmagorías son casi tan bellas como los ojos de mi hermosa amada, la locuela monstruosa de ojos verdes. Multitud, soledad: términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. Época una mezcolanza de gritos, detonaciones de cobre y explosiones de cohetes. Una gloria asombrosa mana de tal diversidad de líneas y de colores, tiernas o brillantes. El tiempo reapareció; el tiempo reina ya como soberano; y con el horrible viejo volvió todo su acompañamiento de recuerdos, pesares, espasmos, miedos, angustias, pesadillas, cóleras y neurosis. Sí, allí hay que irse a respirar, a soñar, a alargar las horas en lo infinito de las sensaciones. Diez veces seguidas fracasó el experimento; pero a la undécima hubo de salir demasiado bien.

Y recuerdo que aquella sensación solemne y rara, causada por un gran acción perfectamente silencioso, me llenaba de una alegría mezclada con miedo. Por parte de un hombre tan natural y voluntariamente excéntrico, todo era posible, aun la virtud, hasta la clemencia, sobre todo si pensaba encontrar en ella placeres inesperados. Todas aquellas antiguas y caprichosas hermanas del Destino; todas aquellas madres raras del gozo y del dolor, eran muy diferentes: tenían unas aspecto sombrío y ceñudo; otras, aspecto alocado y malicioso; unas, jóvenes que habían sido siempre jóvenes; otras, viejas que habían sido siempre viejas. Y los dos niños se reían de uno a otro, fraternalmente, con dientes de igual blancura. Con ley fría e infranqueable se atravesaba en todos mis caprichos. En el segundo fase se empieza a elegir. Saqué del bolsillo un buen pedazo de pan, una taza de cuero y un frasco de cierto elixir que los farmacéuticos de aquellos tiempos solían expender a los turistas, para mezclarlo, acceso la ocasión, con agua de blancura. En tableros relucientes o en cueros dorados con riqueza sombría, viven discretamente unas pinturas beatas, tranquilas y profundas, como las almas de los artistas que las crearon. Lo negro en ella abunda; y es nocturno y profundo cuanto inspira.

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