Media Noche

MUJERES QUE YA NO SUFREN POR AMOR

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La aceptación llega cuando nos ponemos generosas y dejamos marchar a la otra persona de nuestro lado. No importa si ellos son gordos, viejos y feos: lo que importa es que tengan recursos de sobra para mantenernos.

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¿Cual es la diferencia con las relaciones sexuales a una edad más joven?

Y se construyen un muro igual de alto que el de su acompañante sexual. Nuestras energías son limitadas, y nuestro tiempo de vida es bastante corto: tenemos apenas unos años para vivir, para aprender, para gozar, para explorar, para crecer, para llevar a cabo nuestros sueños y nuestros proyectos. El segundo se consigue fomentando la competitividad entre las mujeres, haciéndonos apostar que nosotras somos nuestras peores enemigas, que tenemos que competir entre nosotras por la atención de los hombres y que somos malas personas que no sabemos comportarnos cuando estamos juntas. El autoengaño forma parte del autoboicot, que es un arma para hacerse la guerra a una misma. Prefiere vivir así, en guerra permanente versus Zeus, amargada y cabreada todo el día, en lugar de liberarse y disfrutar de la vida sola o con su gente querida. También varía mucho el tiempo que nos duran las ganas de estar juntos: puede ocurrir que estés muy a gusto los dos primeros meses y después se te vayan bajando las ganas de estar con esa persona. La falta de amor nos determina y nos influye a la hora de construir relaciones libres, sanas y basadas en el placer. Este es el juego entre los donjuanes y las doñaineses.

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Lo curioso es que en lugar de acabar la fiesta con cariño, despedirnos con un beso e irnos a dormir a casa a pasar la resaca, lo que hacemos es comenzar la relación con la esperanza de que el manantial de oxitocina, serotonina y dopamina vuelva a brotar con mayor intensidad a medida que se profundice en la relación. Vivimos en un mundo que nos impone unos modelos de belleza irreales, e imposibles de alcanzar. Gracias a las abogacía del divorcio del siglo XX, no tenemos por qué soportar los matrimonios infernales de nuestras abuelas, que tenían que batallar para hacerse respetar, para poder opinar, para tomar decisiones y para que ellos cumplieran al aparte con sus roles de género traer dinero a casa en lugar de gastarlo en prostitutas o en fiestas. En esta época posmoderna nos buscamos, nos encontramos, nos fusionamos y nos separamos de dos en dos, siempre buscando ese difícil equilibrio entre la libertad, la autonomía, y la apremio de afecto que tenemos. La apremio de ser amadas de una forma absoluta surge en el mismo edad en el que salimos del abdomen materno: nos pasamos la vida queriendo volver a entrar en ese aforo en el que estamos seguras, calentitas, acompañadas. Cuando la otra persona cambia su comportamiento y su forma de mirarnos, de relacionarse con nosotras, lo notamos y sufrimos mucho.

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