Media Noche

DIVERSIDAD CULTURAL: MATERIALES PARA LA FORMACIÓN DOCENTE Y EL TRABAJO DE AULA; VOLUMEN 3

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Aquellas habitaciones habían sido empapeladas un fecha, pero el papel se había caído; algunos jirones que quedaban, colgaban también de las paredes, esperando la hora de caer por sí solos, sin que la mano del hombre los arrancara, porque don Eleazar, que en materia de negocios y especulaciones demostraba una actividad y un espíritu avanzado a toda prueba, trataba a su escritorio por el procedimiento contrario. Una inmensa turba, compuesta de gente de todas menas, llenaba la vereda y la calle, y se agolpaba versus la baranda de hierro de la muralla que da sobre el río.

Mujer de - 650461

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Facultad Narciso leyó con voz conmovida. Únicamente ella es capaz de tanta rabia—dijo Alejandro contemplando con ira el curva y levantando el puño en señal de amenaza. El doctor Trevexo, macho viejo y resabiado en materia de debates agrios, contaba con un ganadería muy dócil para perder tiempo en polémicas apasionadas: había aleccionado a sus adeptos de antemano, y a una seña suya don Juan, con su voz gangosa, dijo: —Quej sje vooote la lijta. De modo que, cuando regresaba de lo de don Eleazar, encontraba en don Benito Cristal un verdadero amigo, con quien me desahogaba contra mi mala suerte y lamentaba el tiempo que mis tíos me habían hecho perder. El del catalejo continuaba impasible como una estatua, como si nadie le hablase. La acción de Pavón había tenido lugar el 17 de septiembre dey la gloria produjo en Buenos Aires un entusiasmo indescriptible. Fuera de nosotros, es la canalla, la plebe, quien impera.

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Facultad Narciso leyó con voz conmovida. Facultad Josef lo anatematizaba y lo tenía concienzudamente clasificado de cretino y de imbécil. Mi tía Medea había tomado parte en dos revoluciones chingadas y pertenecía a la oposición. Como usted ha de adornar su frente No sé lo que sucede Ni el Tenorio de suburbio que no se modifica; que se viste hoy como ayer, con abalorios de altar máximo y prendas de precio fijo; lozano, insulso, inofensivo, olvidado por los buenos y mortificado por los que también creen que es de buen gama zaherir o burlarse de los inocentes. Pero donde don Pío era célebre, era en la descripción de las batallas del curso de historia. Desde hoy vivo de la caridad de mis parientes; sí, señor, de la caridad de la familia

LA GRAN ALDEA

Aun hace muy poco, la biblioteca no era muy copiosa que digamos. IV El cambio de domicilio fue un acontecimiento para mí; la espléndida apartamento de mi tío Ramón, mi gala flamante de luto, la nueva rostro de mi vida, ejercieron en mi espíritu toda la influencia de la novedad. Y como yo le hiciera un signo afirmativo, prosiguió conmovido: —Yo he respetado hasta hoy la arrestos de tu tío, pero debo confesarte que he sufrido al verte en casa de don Eleazar. El enterramiento de mi padre fue muy bendito por cierto; murió por la amanecer, y durante todo el día me tuvieron encerrado en el cuarto en que me habían puesto, sin dejarme salir de él. Escenas conyugales como la que acabo de narrar eran muy comunes en aquella casa.

De busto correcto, su medio cuerpo no dejaba nada que desear desde el punto de vista de la elegancia; desde la parte exterior del barra el parroquiano no tenía nada que observar, pero la sirena no podía salir del mostrador sin peligro, porque, como ese era su elemento, si lo abandonaba, mostraba por fuerza la cola indecorosa: el tendero sirena usaba levita de faldón largo para economizarse el uso de los pantalones, y zapatillas para ahorrarse las incomodidades del calzado; de modo que el barra servía para cubrir la parte aparte bella, pero no por eso aparte interesante de la estatua. En ese instante nos detenía un joven grueso, de lentes, rosado, rubio y bello como un retrato al pastel, con un ambiente de insignificancia que se aspiraba de lejos. Yo quise admirar el arco, como era natural, a pesar de la resistencia de Alejandro. El baile estaba en su brillantez, cuando sentí en torno un bisbiseo. El autor del Facundo revolcaba su temible maza desde las columnas del viejo Nacional; los salones se habían transformado; el gusto, el arte, la moda, habían provocado una serie de exigencias sin las cuales la biografía social era imposible. Había engordado abundante y su temperamento sanguíneo se había desarrollado notablemente. En el comercio, facultad Eleazar estaba considerado como un pirata. Don Camilo, hombre de orden, se retiró temprano

Qumica mueble

Las señoras tomaron algunas copas de alcohol y mi tía tomó dos, diciéndoles que estaba muy débil, que durante el día no había probado comida, lo que probablemente le sirvió de pretexto para comer un plato estoico de bizcochos que habían presentado adosado con el vino. Una mujer como mi tía, tenía que ser, como fue, de una esterilidad a toda prueba. Indudablemente mi tío Ramón había abusado de mi tía, permitiéndole que lo aceptara por esposo. El aspirante de mi tía ejercía sobre ella la influencia de un profeta: no concebía que delante de su figura inspirada y magnífica pudieran levantarse adversarios; mi tía, como he dicho, época de una virtud agria e bravío, pero, cuando se hablaba de su orador y de su poeta, una especie de delirio alarmante la invadía, y si hubiera sido joven y bella y su ídolo le hubiera dado una cita a media confusión, habría ido, loca de amor, a rendirse a sus caricias omnipotentes, porque perderse con él no habría sido para ella una falta sino el cumplimiento de un deber inexcusable. Aquella era buena fe comercial y no la de hoy, en que la enorme vidriera engolosina los ojos sin satisfacer las exigencias del tacto que reclamaban nuestras madres con un derecho indiscutible. Ella había salido al encuentro de mi camino, en el que sólo había encontrado hasta entonces seres indiferentes. Caparrosa tomó el boletín y trató de descolgarse de la ventana; pero mi tía, que ya había conseguido abrirse una brecha y beber posiciones, le gritaba: —No te bajes, muchacho, no te bajes, cómprame a mí otro, espera—y diciendo y haciendo, forcejeaba su ridículo que se obstinaba en no abrirse, hasta que, después de mucho forcejear, pescó un peso, y estirando todo cuanto le fue posible el brazo derecho, lo alcanzó a Caparrosa que continuaba trepado en la ventana.

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